Historia de la tauromaquia en México: de 1526 hasta la actualidad

Resumen rápido

  • El primer festejo taurino documentado en México se celebró el 24 de junio de 1526, todavía durante la primera etapa colonial.
  • Durante el virreinato, los toros formaron parte de celebraciones civiles, religiosas y monárquicas, muchas veces en plazas temporales.
  • En los siglos XIX y XX surgieron una tauromaquia, unas ganaderías y una escuela de toreros propiamente mexicanas.
  • Figuras como Ponciano Díaz, Rodolfo Gaona, Armillita, Silverio Pérez, Carlos Arruza, Manolo Martínez y Eloy Cavazos ayudaron a definir distintas épocas.
  • La Plaza México, inaugurada en 1946, se convirtió en el gran símbolo del toreo en la capital, aunque en la actualidad su situación es distinta tras la reforma de 2025.

La historia de la tauromaquia en México no es simplemente la extensión americana de una costumbre española. A lo largo de cinco siglos, el país desarrolló ganaderías, figuras, plazas, formas de interpretar el toreo y una cultura popular propias. Su evolución también estuvo marcada por prohibiciones, debates políticos y transformaciones sociales.

1526: el primer festejo documentado

La fecha utilizada como punto de partida es el 24 de junio de 1526. En la Quinta Carta de Relación, Hernán Cortés dejó constancia de que aquel Día de San Juan “se corrieron ciertos toros” junto con juegos de cañas y otros festejos. Se trata del primer testimonio escrito que permite documentar una celebración taurina en el territorio que hoy es México.

Aquel acontecimiento no debe imaginarse como una corrida contemporánea. La lidia moderna, con matadores a pie, cuadrillas y tercios claramente establecidos, se desarrollaría mucho después. Los festejos del siglo XVI estaban relacionados con ejercicios ecuestres, celebraciones públicas y espectáculos de carácter cortesano.

Los toros durante el virreinato

En la Nueva España, las fiestas de toros comenzaron a acompañar acontecimientos de la vida pública: entradas de virreyes, celebraciones reales, festividades religiosas y conmemoraciones políticas. Las plazas mayores se adaptaban temporalmente mediante tablados y barreras; el recinto taurino permanente todavía no era el centro del espectáculo.

Con el tiempo, la práctica dejó de depender únicamente de la élite. La población urbana incorporó los festejos a su calendario y las distintas regiones les dieron características propias. Caballos, jinetes, vaqueros y formas locales de manejar el ganado contribuyeron a una cultura mestiza alrededor del toro.

El nacimiento del campo bravo mexicano

La historia de la fiesta no puede separarse de la crianza. Atenco suele citarse como el gran nombre fundacional del campo bravo mexicano. Más tarde aparecieron casas que serían decisivas, entre ellas Piedras Negras, San Mateo, La Punta, Zotoluca, Xajay y muchas otras.

La selección de reses mexicanas incorporó influencias procedentes de ganaderías españolas, pero no se limitó a reproducirlas. El clima, la altitud, los pastos y el criterio de cada familia ganadera dieron lugar a líneas y comportamientos propios. En 1930 se constituyó la Unión de Criadores de Toros de Lidia, antecedente de la actual Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia.

El siglo XIX: identidad nacional, popularidad y prohibiciones

Después de la Independencia, los toros continuaron presentes en la vida mexicana, aunque no sin oposición. En 1867, durante el gobierno de Benito Juárez, se prohibieron las corridas en la capital. La medida muestra que el debate sobre su legitimidad no es exclusivamente contemporáneo.

Cuando la actividad regresó a Ciudad de México durante el Porfiriato, lo hizo en un país que estaba construyendo sus símbolos nacionales. En este contexto destacó Ponciano Díaz, figura popular capaz de reunir el mundo del torero y el charro. Su imagen representa una etapa en la que la tauromaquia mexicana comenzó a mostrarse como algo más que una herencia peninsular.

Rodolfo Gaona y la internacionalización

A comienzos del siglo XX apareció Rodolfo Gaona, nacido en León, Guanajuato. Su éxito en España cambió la relación entre ambos países: un mexicano podía competir con las máximas figuras en las plazas europeas y participar en la definición del toreo de su tiempo.

Gaona no fue un episodio aislado. Abrió una ruta de intercambio que después recorrerían otros toreros mexicanos. Desde entonces, las temporadas de México y España han estado conectadas por viajes, alternativas, confirmaciones y rivalidades.

La edad de oro del toreo mexicano

Las décadas centrales del siglo XX reunieron a varias figuras fundamentales. Fermín Espinosa “Armillita Chico” fue reconocido por su conocimiento y dominio; Silverio Pérez construyó una personalidad de enorme conexión popular; Carlos Arruza alcanzó proyección internacional; y Lorenzo Garza dejó una huella asociada al valor y al carácter.

En aquellos años, el toreo ocupaba un espacio importante en la prensa, la radio, el cine y la vida social. Las figuras no pertenecían únicamente a la sección taurina: eran personajes conocidos por amplios sectores de la población.

Las plazas: del Toreo de la Condesa a la Plaza México

El Toreo de la Condesa, inaugurado en 1907, fue uno de los escenarios centrales de la capital antes de que su estructura se trasladara y diera origen al Toreo de Cuatro Caminos. En 1946 se inauguró la Plaza México, que acabaría convirtiéndose en el coso de mayor capacidad del mundo y en el gran símbolo de la temporada invernal mexicana.

Junto a ella, plazas como la Monumental y la San Marcos de Aguascalientes, El Progreso y el Nuevo Progreso de Guadalajara, El Ranchero Aguilar de Tlaxcala, La Luz de León y las monumentales de Zacatecas y Monterrey construyeron calendarios regionales con identidad propia.

De Manolo Martínez a las figuras recientes

La segunda mitad del siglo XX tuvo nombres como Manolo Martínez y Eloy Cavazos, que representaron dos maneras distintas de conectar con el público. Después llegarían nuevas generaciones, entre ellas figuras como Eulalio López “Zotoluco” y otros matadores que mantuvieron el intercambio con España.

La historia reciente continúa escribiéndose en un mapa menos centralizado: San Marcos, Guadalajara, Tlaxcala, León, San Luis Potosí y Zacatecas sostienen buena parte de la actividad, mientras jóvenes mexicanos buscan oportunidades tanto dentro como fuera del país.

Una tradición sometida a debate

La tauromaquia mexicana ha convivido con ciclos de aceptación, prohibición y reforma. En marzo de 2025, Ciudad de México aprobó un modelo de espectáculos taurinos sin violencia que modificó las condiciones de la lidia tradicional en la capital. Otros estados mantienen regulaciones diferentes y varios han reconocido expresiones taurinas como patrimonio cultural.

Por eso no existe hoy una única realidad nacional. El marco jurídico depende en gran medida de estados y municipios, al tiempo que continúa el debate entre tradición, libertad cultural y protección animal.

Cinco siglos de transformación

Desde los festejos ecuestres del siglo XVI hasta las grandes ferias contemporáneas, la tauromaquia cambió junto con México. La clave de su historia no está en afirmar que permaneció intacta, sino en comprender cómo fue adaptándose: del virreinato a la nación independiente, de las plazas provisionales a las monumentales y del espectáculo cortesano a una cultura con ganaderías, artistas y públicos propios.

Para conocer sus escenarios actuales, puedes continuar con nuestra guía de las principales plazas de toros de México.


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